EL TIGRE Y EL MONSTRUO CIBERNÉTICO

 

El ajedrez une, esto es lo que venimos oyendo desde hace mucho tiempo, pero nos olvidamos del componente de competición que conlleva todo deporte o juego (definidlo como queráis). En las Baleares ha habido luchas encarnizadas para conseguir el poder de ser el mejor durante décadas, históricas son las luchas Forteza-Bellón, Serra-Planas, Gamundí-Pons o Cubas-Gayá y así podríamos nombrar un buen número de confrontaciones épicas, un personaje destacado en estas lides fraticidas es José María Forteza apodado (muy bien, por cierto) “el Tigre”, dominó durante años el ajedrez en Mallorca de forma tiránica creando pavor en las filas de sus asustados retadores hasta que una “joven” generación le disputó ese poder (Serra, Planas, Riera, Romero) pero este infatigable luchador siguió derramando la sangre de muchas victimas en el mítico Bar Venecia, de este grupo de eternos sufridores había un inventor de avanzada edad (como nuestro personaje principal), que pacientemente se entrenaba con un gran jugador de ajedrez que no sufría, ni se inmutaba y solo cedía en su ímpetu si se quedaba sin batería, este era el GRAN FRITZ, señalar que los jugadores profesionales sienten un fuerte escalofrío con solo oír su nombre, dichos entrenamientos maratonianos dieron su fruto y este jugador que no destacaba antaño por su juego, empezó a impresionar con bellas obras de arte sobre el tablero y el reinado de nuestro “tigre” en los Torneos de la tercera edad fue decayendo ante semejante empuje, este retador en su segunda juventud era Gabriel Pons y su fama empezó a brillar allende de nuestras fronteras y causaba estragos en los inocentes Grandes Maestros que se atrevían a retarlo en los Torneos Internacionales que se hacían por Mallorca, esta estrella rutilante lo ganaba casi todo y cuando no lo hacia parecía fruto de su generosidad ante un adversario inferior, como cuando Indurain dejaba a los segundones ganar una etapa para mayor gloria suya.

Bien, presentados los dos personajes principales decir que los puntos disputados entre nuestros dos protagonistas en los torneos de veteranos empezaron a caer en el saco voraz de Pons y Forteza estaba asombrado de que un jugador al que pegaba palizas de 5 ó 6 partidas cada tarde en el mítico café luego este le diera repasos monumentales en los torneos de competición, la comunidad mallorquina cantaba alabanzas de este nuevo genio del tablero como, “está en una segunda juventud”, “es mi ídolo”, “es increíble lo que hace”, pero fuera de nuestras fronteras no todo eran alabanzas, en un recóndito sitio de la Península Ibérica un grupo de Maestros de ajedrez damnificados por la ira de Pons empezaron a dudar de sus cualidades y sus entrenamientos con el FRITZ, estudiaron sus partidas con minuciosidad y llegaron a la conclusión de que su gran nivel no era fruto de sus entrenamientos con la Maquina sino que recibía ayuda de esa máquina (un matiz muy importante), -“no puede ser” decían sus admiradores, hasta que las pruebas hicieron caer este ídolo con pies de barro. De la noche a la mañana Gabriel Pons desapareció como el mítico Bobby Fischer y todo el mundo se preguntaba donde estaría, se llenaron de rumores las tertulias ajedrecísticas locales y el tiempo pasó y pasó sin saber nada de él.

El Turco

Pero el ajedrez deja a cada cual en su sitio y el más sanguinario animal, como puede ser un tigre, necesita la cercanía de sus rivales para sentirse vivo y nuestro amigo Forteza encontró a su archienemigo en un centro de la tercera edad y juntos retomaron estas míticas luchas firmando una tregua por interés mutuo, aunque esta vez el señor FRITZ se tuvo que quedar en casa.
Al final ¿Qué nos queda si quitamos al animal y al frío metal?
–Solo dos personas que aman el ajedrez.

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